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REVISTA DIGITAL MENTES-INQUIETAS

SALA REKALDE (BILBAO)

PARA TODOS LOS PÚBLICOS PUBLIKO GUZTIENTZAT FOR ALL AUDIENCES  Del 2 de marzo al 7 de mayo de 2006 En los últimos años la cuestión del espacio público está siendo objeto de nuevas reflexiones y definiciones que destacan el vertiginoso desarrollo que a lo largo del siglo XX han experimentado los medios de comunicación social ampliando y transformando la noción tradicional de espacio público. De hecho, los llamados mass media se han convertido en los principales transmisores y productores de “información” superan­do con creces cualquier cota de cobertura e influencia imaginable en el pasado. Se inaugura así una época en la que los mass media han alcanzado el estatus de arterias vitales para las sociedades contem­poráneas, y en la que, paradójicamente, las industrias del entreteni­mien­to y la publicidad han pasado a ocupar un lugar central en la generación y regeneración de políticas sociales. Al mismo tiempo el espacio público, transformado en un escaparate para el márketing de los intereses co­merciales, apenas deja lugar a manifestaciones espontáneas de la ciudadanía. Este complejo panorama, anegado por los mensajes publi­citarios, se estructura según el paradigma hipercapitalista, lo que a menudo dificulta la tarea de aislar las políticas económicas de las culturales.

Pero ¿qué papel juega el arte en estos procesos políticos? Buena parte de las cotas altas de la estructura jerárquica de los mundos del arte sigue asumiendo los ideales románticos que al mismo tiempo que admitían que el y la artista pueden ser críticos/as con la sociedad, fomentaban la idea de que la verdadera función del arte era su propia expresión y de que el y la artista no deberían verse reducidos/as a las preocupaciones políticas y sociales diarias. Frente a esta postura, los movimientos artísticos que han desarrollado las teorías marxistas sobre el conflicto social, y otros colectivos como el feminista formados en torno a la vindicación de derechos civiles, se han ocupado de denunciar que precisamente es disociando los términos arte y sociedad como se perpetúa el statu quo de la desigualdad. Este conflicto ha resonado en los debates del siglo XX sobre la relación entre arte y política. Debates que se han centrado en cuestiones que siguen siendo relevantes en la actualidad: ¿el uso del arte para la propaganda implica la subordinación de la calidad estética del mensaje? Por otra parte, ¿pueden separarse de los valores ideológicos los criterios para juzgar la calidad estética?

En las décadas de los 50 y 60 del siglo XX la Internacional Situacionista (probablemente la corriente artística influenciada por el marxismo que más trascendencia ha tenido) desarrolló varias estrate­gias artísticas para combatir las tradiciones decimonónicas que, entre otros asuntos, avalaban la supuesta “inocencia” del arte. Entre estas estrategias situacionistas una, el détournement, destaca especialmente por estar sobrevolando los marcos conceptuales de la comunidad artística en los últimos años. Según Guy E. Debord y Gil J. Wolman (1956) détournement es la apropiación indebida y la descontextua­lización, con la consiguiente pérdida de significado, de elementos que nada tienen que ver entre sí y su reunión en un nuevo conjunto signifi­cativo. Tergiversación como juego que surge de la necesidad de invertir o subvertir todos los elementos del pasado cultural, como una negación del valor de esa vieja organización de la expresión que tiene que ser superada.

En Para todos los públicos 28 artistas de dentro y fuera de nuestras fronteras redefinen el concepto de espacio público tradicional. La exposición da cuenta de los diversos discursos críticos que, desde el arte y otros frentes, vienen cuestionando en los últimos años los usos y abusos impuestos a la ciudadanía por las estrategias de mercado, inci­diendo en las revolucionarias teorizaciones feministas sobre la división entre lo público y lo privado. Asimismo, la muestra denuncia los conteni­dos sexistas y otros intereses, tanto económicos como ideológicos, que, a menudo, configuran estos espacios hegemónicos. Las piezas que mostramos en la exposición se pueden considerar ejemplos contempo­ráneos de détournement. En ellas se realiza una tergiversación del mundo de la publicidad, la cartografía, el urbanismo, el cine, la propia escritura y de todo tipo de imágenes y medios de comunicación. Y lo que es más importante: se persigue tergiversar las proposiciones del propio espectáculo cuestionando incluso la creación artística y el mercado del arte. Con frecuencia estas obras están compuestas de elementos prefabricados: citas, pasajes de obras literarias, fragmentos cinematográ­ficos, de cómics, mapas, etc… Todo, descontextualizado y dotado de una significación nueva, en un ejercicio de crítica del lenguaje como ideología, es decir, del lenguaje como instrumento de dominio y de poder.

El título de la exposición, Para todos los públicos, también expresa la voluntad de reunir el trabajo de artistas preocupados y preo­cupadas por estas cuestiones, con la intención de desafiar la perversa maquinaria de la denominada "dictadura de la audiencia", según la cual los contenidos críticos no interesan al gran público.

JAKOB KOLDING (Albertslund, Dinamarca, 1971) Vive y trabaja en Berlín y Estocolmo. El artista viene desarrollando a lo largo de los últimos años diferentes proyectos de intervención en el espacio público a través de carteles o imágenes que coloca en distintos soportes con el objeto de cuestionar cómo han sido diseñados y cómo se gestionan esos espacios. Trabaja normalmente sobre las ideas del movimiento moderno en sus expresio­nes urbanísticas y arquitectónicas de los años veinte y treinta —los ejemplos clásicos de Le Corbusier, la Bauhaus, etc.— y el modo en que más tarde modelaron el desarrollo de las nuevas periferias urbanas europeas en los años cincuenta y sesenta: áreas que son prácticamente ciudades ente­ras, construidas con rapidez y con todos sus elementos planificados. Áreas que pretendieron garantizar un hogar decente para todo el mundo y donde las necesidades básicas estarían supuestamente cubiertas. Disponían de escuelas, guarderías y zonas céntricas a poca distancia, con todas las secciones del conjunto organizadas a distintos niveles de tal forma que la gente pudiera relacionarse: plazas, parques, campos de fútbol, zonas deportivas y de juegos, etc. Jakob Kolding se crió en una de esas barriadas y probablemente de ahí nace su interés por ellas. “Me sentía feliz de vivir allí siendo niño. Uno estaba seguro. Pero poco a poco empecé a sentirme a disgusto. No parecía existir la po­­sibilidad de que quisieras hacer algo no previsto, algo que no fuese empezar tu propia familia en el mismo sitio.” Al tratar de responder de antemano a cualquier necesidad de los residentes, todo estaba clara­mente pensado y predeter­minado. Y esto no sólo es válido para las vi­vien­das construidas en los años sesenta, sino que más o menos puede aplicarse a toda urbanización planificada. Si se intenta construir una ciudad ideal, o una sociedad ideal, muchas personas que no se ajustan al ideal quedan excluidas. La racionalización lleva igualmente a la división de las ciudades por zonas según características sociales y económicas, bloqueando a unas de las otras y mirando desde lejos al barrio vecino.

Para esta exposición el artista ha diseñado Contestando a la arquitectura y al espacio social, un póster específico que colocará en diferentes puntos de Bilbao y que a su vez se podrá contemplar en la sala junto a la documentación de otros seis proyectos, también especí­ficos, concebidos como intervenciones en espacios públicos que ha reali­zado en los últimos años en diversas partes del mundo.

Comisario: Xabier Arakistain

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