
Ayer recibía un sms felicitándome las navidades y esperando que todos mis deseos para el 2007 se hicieran realidad. La explosión de júbilo, solidaridad e inocencia que estas fechas nos contagian son de admirar en cada uno de nosotros. Todo ello unido a un decorado de lujo: luces de navidad, belenes en el barrio, el “Feliz Navidad” de ese vecino tan arisco que nunca nos saluda y familias unidas por unos días para viajar de tienda en tienda buscando el regalo más fastuoso.
Todos los que hoy nos felicitamos ,hace dos años vimos consternados en los telediarios de todo el mundo como una siniestra ola llamada Tsunami – qué bella palabra y que terribles consecuencias- anegaba todo el sureste asiático, sin dar crédito a este fenómeno de la naturaleza , aún hoy.
“Envía Tsunami al 7224” era la frase más escuchada en las fechas posteriores, ¡Qué alarde de generosidad! Las diferentes cadenas de televisión se jactaban de elevar sus recaudaciones a millones de dólares para ayudar mejorar la paupérrima situación que en la zona del desastre se estaba viviendo.
Telemaratones por Asia, Especial Tsunami, fotos de los presidentes de los principales gobiernos del mundo donando millones de euros o reportajes a la hora de comer en la televisión nos hicieron mejores personas, invirtiendo nuestro dinero en un lavado de conciencia virtual.
Dos años después Cruz Roja Internacional confirma que el 50% de aquellas ayudas no han llegado –aún- a su destino. Los periódicos y los programas de actualidad padecen de amnesia y los ministros del mundo ya no visitan la zona para recoger la instantánea de su visita al lugar.
Las herrumbrosas casas que hace dos años fueron derribadas siguen intactas , los ojos huidizos de los que fueren niños ahora son miradas escépticas de adolescentes con un futuro poco esperanzador y las instituciones todavía no tienen en la zona instalados los dispositivos que alerten de fenómenos como el temible Tsunami.
A la vista de todo esto, estas navidades deberíamos mandar un sms con la palabra Tsunami buscando que los ciudadanos de Sri Lanka consiguieran decir sin pudor “Feliz Navidad”, que el año nuevo en Ruanda les llevara un trozo de pan y que en Palestina se consiguiera pronunciar la palabra Libertad.
Víctor R.
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